Historia de la Mesoterapia (II)
© Dr. Ignacio Ordiz - continúa desde Historia
de la mesoterapia (I)
Cuando el Dr. Pistor comenzó su carrera profesional en el
pueblecito francés de Bray Lu, ya conocía por mediación
de su profesor el Dr. Level la existencia de técnicas inyectivas
locales. Por otra parte inició su andadura profesional en
la época en que la utilización de la procaína
con fines terapéuticos distintos a los derivados de sus propiedades
anestésicas estaba en auge.
No debe extrañarnos, por tanto, que cuando el Sr. Parrè, zapatero
del pueblo, acudió a la consulta del joven Dr. Pistor aquejado
de una crisis asmática, éste optara por administrarle
10 cc de procaína 2% intravenosa ya que no era una práctica
en absoluto extraordinaria y estaba justificada por las propiedades
espasmolíticas que posee la procaína: el Dr. Pistor
buscaba la broncodilatación que aliviase al paciente.
Pero lo que hubiese pasado desapercibido para una persona no avezada
fue el hecho adicional que refirió al día siguiente
su asombrado paciente, el cual comentó al joven médico
que después de la inyección de procaína había
vuelto a escuchar las campanadas de su carillón, cosa que
no ocurría desde hacía más de 40 años
puesto que estaba totalmente sordo.
Desgraciadamente ese feliz acontecimiento fue mitigándose
de forma progresiva hasta casi volver a la normalidad del silencio
acostumbrado, por lo que acudía de nuevo a la consulta para
que le inyectase una nueva dosis de aquel “milagroso” producto.

El zapatero Jules Parré, primer paciente que recibió mesoterapia
Pistor reconoció en este hallazgo la prueba evidente de un
estímulo neurosensorial que se podía añadir
a los efectos conocidos del fármaco. Decidió entonces
experimentar con el objetivo de conseguirlo nuevamente, pero esta
vez el zapatero no recibió la dosis de procaína en
la vena humeral si no que, en base a los conocimientos de inyecciones
localizadas transmitidos por su antiguo profesor, optó por
inyectar el fármaco en la zona mastoidea. El zapatero recuperó de
forma transitoria su capacidad auditiva y gracias al contacto con
el público obligado por su trabajo, y entusiasmado con el
resultado obtenido, la consulta del joven Dr. Pistor se fue llenando
de pacientes con deficiencias auditivas que acudía en masa
para ser tratados.
Pistor iba observando en sus pacientes que si bien las ganancias
de audición no eran constantes ni duraderas, ciertas patologías
que se asociaban a la sordera, como vértigos, tinitus, mareos,
etc., o que se localizaban en las proximidades de las zonas periauriculares,
como artrosis de la articulación témporo-mandibular,
placas de alopecias, cefaléas, presbicias, etc., mejoraban
de forma paralela.
Una vez más los árboles no impidieron a Pistor ver
el bosque y comprendió que la administración local
de medicamentos permitía obtener mejorías importantes
en distintas entidades nosológicas. Con la visión que
nos permite la Historia es fácil comprender que si obtenemos
mejoría de, por ejemplo, una artrosis de la articulación
témporo-mandibular administrando los medicamentos en su proximidad,
para obtener la mejoría de una artrosis de rodilla deberemos
de realizar la administración de los remedios elegidos en
la proximidad de la articulación afectada. ¡Era lógico!
Y siguiendo esta lógica fue como el Dr. Pistor fue acumulando
experiencias sobre el uso de la procaína, comprobando cómo
el modo de administración local que estaba empleando lograba
mejorías más duraderas por lo que los pacientes requerían
nuevas dosis en periodos de tiempo cada vez más distanciados,
como si la forma de administración aumentase de forma notable
el valor terapéutico de la procaína.

El joven Doctor Pistor
Recogió sus experiencias durante 6 años al cabo de
los cuales, ayudado por un colega dermatólogo, vecino estival
y conocedor de la respuesta terapéutica obtenida por el joven
médico utilizando de forma un tanto sui generis la procaína,
pudo transmitir los resultados a la clase médica francesa
publicando en La Presse Medicale del 24 de junio de 1958 su trabajo-resumen
sobre las nuevas propiedades de la procaína aplicada en patología
humana. Puesto que la observación clínica le había
llevado a relacionar la profundidad de inyección con el incremento
del efecto beneficioso del medicamento, y debido a que éste
se administraba por vía intradérmica (derivada de la
segunda hoja blastodérmica, el mesodermo) y actuaba sobre órganos
que tenían ese mismo origen embriológico, definió su
técnica con el nombre de “Mesoterapia” y simplificó su
definición con el aforismo “poco, pocas veces, en el
lugar adecuado”.
“Poco” hace referencia a la poca cantidad de procaína
que se necesitaba para obtener una respuesta terapéutica; “pocas
veces” se justifica porque la procaína administrada
adquiere un valor terapéutico adicional, manteniendo su efectividad
durante más tiempo y permitiendo su administración
más distancia al ver potenciados sus efectos; “en el
lugar adecuado” resume la idea original de acercar lo más
posible el fármaco al órgano afectado, pero siempre
administrándolo en la zona cutánea y no en profundidad,
aunque posteriormente, en 1998 el propio Pistor apunta la posibilidad
de utilizar agujas más largas (hasta de 15 cm) para inyectar
pequeñas cantidades de medicamentos en órganos o estructuras
anatómicas profundas afectadas por neoplasias.
La novedosa técnica fue introduciéndose de forma progresiva
como terapéutica habitual, añadiéndose medicamentos
al exiguo arsenal terapéutico inicial y comprobando cómo
el potencial terapéutico de los mismos se incrementaba notoriamente
al ser administrados por esta vía. Fue bien acogida por los
veterinarios, los cuales sumaron sus experiencias y resultados en
pacientes irracionales de tal forma que la buena aceptación
por este grupo sanitario llevó al Dr. Pistor a la cátedra
de Cirugía de la Escuela de Veterinaria de Alfort, y de esta
relación con el mundo veterinario surge la aguja clásica
de mesoterapia, la denominada aguja de Lebel (en honor a su mentor)
que deriva de la aguja empleada para tuberculinizar vacas, que fue
adoptada por tener unas dimensiones apropiadas para efectuar las
inyecciones intradérmicas.
Con el paso de los años los pioneros de la técnica
se fueron agrupando entorno al Dr. Pistor hasta que surgió la
Sociedad Francesa de Mesoterapia. De forma imparable la técnica
fue extendiéndose como algo natural por los distintos países
europeos, principalmente los latinos, y día a día avanza
inexorablemente demostrando sus beneficios a todo el mundo. Actualmente
está causando verdadero furor en los países anglosajones,
principalmente en los EEUU.
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